Don Heriberto Deándar Martínez nació el 27 de enero de 1937, en Nuevo Laredo, Tamps. Hijo de un aguerrido periodista que ingresó al Ejército Constitucionalista a la edad de 14 años y se licenció con el grado de capitán para incursionar en el periodismo revolucionario, llevaba en la sangre tanto el olor a tinta como en su espíritu el idealismo humanista. Heriberto Deándar Amador fundó los periódicos El Mañana de Nuevo Laredo y El Mañana de Reynosa, su primogénito llevó a éste a su más alto nivel.
Don Beto no logró su hazaña cuando Reynosa tuvo momentos de gran esplendor; fue él, al frente de un notable equipo de colaboradores venidos desde todos los puntos de la geografía nacional, quienes hicieron posible que esta frontera, donde la patria comienza, alcanzara su pleno desarrollo. El Mañana de Reynosa no se subió al carro del progreso y el bienestar; sino que, fue el gran motor del desarrollo.
Por ello, el martes 27 de los corrientes, los señores Armando y Hugo Cerón, quienes durante muchos años le ofrecieron barbacoa de borrego para su cumpleaños, quisieron hacerse presentes en la fecha en que habría de cumplir 89 años, ofreciendo para su familia y amigos, un carnero cocinado en pozo, al estilo ancestral de esta tierra norestense. Ese gesto de nobleza y gratitud, congregó a la gente con la que el gran periodista cultivó sólidos sentimientos de amistad y reconocimiento.
El pueblo de Reynosa, consciente de la gran obra que llevó a cabo don Beto para hacer de este terruño un mejor lugar para vivir, mostró su cariño en el concurrido evento que tuvo lugar en la Palapa El Ojito de Agua. Quién sabe si fue bueno o malo que asistieran pocos políticos, porque, la convivencia en torno al aniversario del natalicio de don Beto, tuvo un sabor más popular, más íntimo, más cercano, más humano.
Muchos de los hombres que gozaron del afecto del periodista y que hicieron notable carrera a su lado, ya han partido al más allá. Otros siguen gozando de las mieles; pero, como dijo el gran poeta Fernando Zelada: “… Es que el ingrato corazón olvida, cuando está en los deleites de la vida, que los sepulcros necesitan flores”. En las charlas de café hay quienes reconocen que su carrera se la deben a los consejos y apoyos del periodista; pero, pocos han hecho algo para que su vida y obra se conozcan.
Cuando surgió la idea de que el Congreso del Estado le otorgara la medalla al mérito cívico, los numerosos diputados locales de Reynosa se hicieron los sordos, los ciegos y los mudos. Así, es de ingrato el corazón humano. En la degeneración moral, la humanidad deja de considerar la gratuidad y da valor sólo a aquello que le pueda servir para sus fines particulares en el marco de una ética establecida con firmeza en la individualidad de un sujeto patéticamente frívolo, vacío y egoísta.
¿Cómo cultivó don Beto la grandeza de Reynosa? Con hecho concretos: con el concurso literario y el gran festival de homenaje a las madres de esta frontera, fomentó el amor filial y la fortaleza de la familia; con la defensa de los regantes de la región, estimuló la agricultura; con el apoyo a la clase obrera, hizo posible el pago de salarios justos; con la comunicación abierta y fluida entre ambas fronteras, generó una comunidad binacional independientemente y solidaria.
El Mañana de Reynosa no se concretó a informar y formar criterio a través de sus páginas, con plumas de alto calibre; generó un sentido de comunidad que favoreció el comercio, la industria, el turismo y los servicios. Reynosa no era paso de migrantes con rumbo a los Estados Unidos, era destino para muchos compatriotas que aquí encontraron trabajo digno y bien remunerado; ¡en aquellos tiempos nadie quería irse al otro lado! La vida estaba aquí.
La obra mayor de Heriberto Deándar Martínez fue oponerse al fraude electoral que llevó a Carlos Salinas a la presidencia y combatir, desde las páginas de su periódico, único en Tamaulipas, la imposición del modelo neoliberal que tanto daño hizo a los mexicanos. Pagó un alto precio por ello; pero, no se rindió y, finalmente, pudo promover la llegada de la Cuarta Transformación de la vida pública de México, iniciada por Andrés Manuel López Obrador, con quien tuvo total identificación.
Por ello el reconocimiento de las gentes de bien, aunque las élites políticas permanezcan ajenas.









