Si realizaran una encuesta pública para seleccionar las diez canciones más populares en México, definitivamente entre los primeros lugares figuraría Cielito Lindo. Una pieza que, al evocarla, despierta de inmediato una enorme emoción entre quienes la escuchan. Así sucedió durante la Revolución Mexicana, cuando los ejércitos rebeldes villistas y maderistas la incorporaron a sus cantos o himnos de marcha entre los soldados.
Años más tarde su ritmo y pegajosos versos, se popularizaron gracias a las orquestas típicas, cantantes, fonógrafos, sinfonolas, películas, radio y televisión. Lo mismo esta melodía estuvo presente durante visitas de grandes personalidades a nuestro país, estadios de fútbol, competencias mundiales y festivales de cultura.
Definitivamente es una de las piezas que ha logrado mayor número de grabaciones discográficas a lo largo de la historia. Se interpreta al ritmo de mariachi, bandas, conjunto norteño, jazz, ranchero y es parte del repertorio de sones huastecos, jarochos y jaliscienses. En este caso, los arreglos originales de la música y combinación literaria de versos de siete y cinco sílabas, pertenecen a los cancioneros Viejo Elpidio Ramírez, Lorenzo Barcelata, Trovadores Porteños y Nicandro Castillo.
La composición original surgió en España desde mediados del siglo XIX, pero se atribuye al maestro de música Quirino Mendoza originario de Tulyehualco, Xochimilco, Distrito, Federal. De acuerdo a sus biógrafos, la primera versión de esta pieza surgió el 10 de mayo de 1882 inspirado en la naturaleza de su tierra «¡Vamos al Téuhtli, cielito lindo, /a admirar el campo! /Ahí los dos juntos, / cielito lindo nos amaremos. /Tenotchitlán de aquí se mira, /con tantas lindas mujeres, /cielito lindo, /que a ti no igualan. /ay, ay, ay, ay, entre las bellas. /»
Acerca de esta canción representativa, se afirma que Quirino no es el verdadero compositor. Con fuentes documentales, coinciden que sus versos se relacionan con un antiguo canto español; además de no existir en México una Sierra Morena como se menciona. Dicha cordillera se localiza entre Andalucía y Extremadura, España, donde operaban grupos contrabandistas. Precisamente inspirado en esa región, algún trovador compuso los versos que desmienten la autoría de Mendoza. A ello, sumamos las coplas de Fernando de Castro con motivo del pésame de un tal Medrano en 1702.
Por la Sierra Morena,
vienen bajando,
un par de ojiyos negros,
de contrabando.
Por el Andalucía,
vienen bajando,
unos ojuelos negros,
de contrabando.
Primer Himno de Tamaulipas
Era tan famosa la composición que a principios del siglo XX por iniciativa del general y gobernador constitucionalista Emiliano P. Nafarrete, el Congreso de Tamaulipas aprobó un decreto publicado en el Periódico Oficial en 1917, donde eleva la canción Cielito Lindo a categoría de himno oficial. Por tanto, señala el Artículo 2º que deberá “…cantarse con respeto en todas las ceremonias especiales en territorio, mientras el Ciudadano Gobernador se encontrará presente.”
Además de representar un halago a su jefe político y convertirse en símbolo de identidad, otra de las explicaciones para entender la decisión de los diputados, refiere que la canción era la preferida del general Luis Caballero, porque su madre se la cantaba durante su infancia. Bajo estas circunstancias el militar originario de Jiménez, Tamaulipas la adoptó como himno durante su participación en la Revolución Mexicana.
Como parte de las luchas armadas de principios de siglo, las canciones típicas y corridos revolucionarios influyeron con fuerza en el imaginario colectivo. Además, Tamaulipas no tenía un himno oficial para ceremonias públicas. Una década más tarde, el gobernador Emilio Portes Gil aprobó el actual Himno a Tamaulipas de los yucatecos Alfredo Tamayo (música) y Rafael Pérez y Pérez (letra).
Canta y no llores
A partir de los años cuarenta del siglo pasado, la canción obtuvo mayor popularidad y presencia en la radio. En ese momento surgieron grabaciones de Pedro Infante, Los Panchos, Lola Beltrán, Amalia Mendoza, Cuco Sánchez y otros. Según la Sociedad de Autores y Compositores de México, ha sido grabada por 513 intérpretes pertenecientes a la mayoría de los países del mundo, aunque la cantidad de artistas podría duplicarse.
Sobre los tríos de huastecos, la pieza es parte del repertorio. Los primeros cantantes mexicanos que la grabaron en discos Peerless fueron Los Trovadores Plateados de Nicandro Castillo y Elpidio Ramírez. Utiliziando guitarra y violín, interpretan coplas picarescas propias de los huapangos porque se adapta a la improvisación:
Cuando el pobre enamora,
cielito lindo a una bella,
tu ya estás obligado,
bien de mi vida, le dice aquella:
Ay, ay, ay, ay,
válgame Dios,
ya no puedes con una,
cielito lindo, qué harás con dos.
En la época de oro del cine mexicano, se filmaron películas basadas en temas musicales populares en la radio y fonógrafos. Gracias a esto, los productores aseguraban una excelente venta de boletos. En el período nacionalista de los treinta, la canción del Cielito Lindo aparece en la banda sonora de la película Cielito Lindo (1936/Arturo de Córdova, Roberto Gavaldón, Pepe Ortiz, El Chaflán y Lucha Reyes), interpretada por Antonio Bribiesca. El argumento, se relaciona con un drama ranchero en el contexto de la Revolución Mexicana. En 1949 se proyectó la película Canta y no Llores (Irma Vila y Carlos López Moctezuma). Acompañada por diversos tríos, Vila interpreta Cielito Lindo. Otra versión del mismo título se estrenó en 1957, con la intervención de Luis Aguilar y Rosita Quintana.
Respecto al género huasteco, fue cantada exitosamente por el Trío Calaveras, El Viejo Elpidio Ramírez, El Negro Marcelino, Los Cantores de Pánuco, Trío Los Jinetes y Cuco Calderón. Definitivamente, El Viejo Elpidio se convirtió en la figura más relevante entre los cantores huastecos del cine mexicano, con su intervención en las películas Un Día de Vida (1950), Los Tres Huastecos (1948) y Gitana Tenías Que Ser (1953).
El Himno en la Frontera
Rosa de Castaño fue una novelista y dramaturga originaria de Camargo, Tamaulipas. Gran parte de su obra, incluye aspectos constumbristas y culturales de los fronterizos texanos y tamaulipecos. Sus novelas La Gaviota Verde, Rancho Estradeño, Transición, El Coyote y Torrente Negro acercan a los lectores a elementos de identidad propios de esta región.
La riqueza del lenguaje, comida, música, arquitectura, migración, carácter, entretenimientos, vida cotidiana, paisaje y costumbres son parte del compendio que ofrece su obra, indispensable para entender el ser noresteño en la primera década del siglo XX. Como lo menciona el escritor Vito Alessio Robles “Faltaba una visión amplia, de conjunto que pintara los múltiples y bellos aspectos de la región del noreste de México. Rosa de Castaño, ha llenado el vacío con creces…”
En efecto, en uno de los capítulos de la novela Torrente Negro (1940) ambientada en la explotacion petrolera tamauipeca deja testimonio de la pieza musical de Cielito Lindo, probabemente la primera versión del himno a Tamaulipas, al momento de escribir esa obra. Escribe Castaño “El más apuesto empieza a cantar con voz varonil y bella el Cielito Lindo Eemperador de los huapangos” la canción Himno de Tamaulipas:
(Fragmento)
Todas las ilusiones que el amor fragua,
son como las espumas Cielito Lindo que forma el agua:
ay, ay, ay, ay, ay, suben y crecen
con el mismo viento Cielito Lindo desaparecen.
Entre cortinas blancas y azules rejas
estaban dos amantes, Cielito Lindo, dándose quejas
ay, ay, ay, ay, ay, y se decían
que sólo con la muerte, Cielito Lindo, se olvidarían.
Yo a las morenas quiero, desde que supe
Que morena es la virgen, Cielito Lindo, de Guadalupe
ay, ay, ay, ay, ay, es bien sabido
que el amor de morena, Cielito Lindo, nunca es fingido.









