La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, presentó el pasado miércoles 26 su propuesta de reforma electoral, una iniciativa que ha despertado críticas y cuestionamientos tanto de la oposición como de aliados del partido oficialista Morena. Es claro que no se trata de una iniciativa perfecta o acabada; es, apenas, un esbozo que tendrá que irse mejorando al paso de los procesos electorales. Sin embargo, lo que resulte será mejor, mucho mejor, de lo que ahora existe.
En esta propuesta se indica que la Reforma Política-Electoral representa un punto de inflexión entre la transición y la consolidación democrática de México. La transición implicó el ejercicio efectivo del voto ciudadano en el contexto de elecciones más competidas; no obstante, la consolidación de una democracia de resultados requería de una transformación estructural que modernizara e hiciera más eficaz nuestro régimen político y las reglas electorales.
Desde el mes de agosto del año pasado, se integró una comisión especial encargada de trabajar con legisladores, académicos y organizaciones civiles para conocer sus puntos de vista y planteamientos. Se buscó que el conjunto de modificaciones constitucionales y legales que integran esta reforma represente la más importante transformación política de las últimas décadas, tanto por su profundidad como por el amplio alcance de los temas que contiene.
Se propone que el Senado pase de tener 128 integrantes a 96, todos elegidos por voto directo: 64 de mayoría relativa y 32 de primera minoría; los 32 senadores plurinominales dejarían de existir. La Cámara de Diputados conservará sus 500 miembros: 300 asientos actuales de mayoría relativa; pero, 200 lugares se distribuirán así: 97 para los candidatos que tengan 2a. posición; 95 para electos directamente en cada circunscripción y ocho para candidatos residentes en el extranjero.
Sheinbaum dice que con estos cambios se daría más poder a los ciudadanos para definir quiénes llegan a esas diputaciones, en vez de que sean los partidos al decidir qué personas quedan en las primeras posiciones de sus listas. Otro punto clave de la propuesta es reducir en 25% el presupuesto público que se da al Instituto Nacional Electoral (INE), a los institutos electorales locales, a los tribunales en la materia y a los partidos políticos, con el argumento de que esos recursos son excesivos.
Quienes se sienten afectados en sus intereses han visto con malos ojos esta propuesta de reforma; algunos dicen que es incompleta y parcial. Corresponderá a los legisladores tomar la decisión final, en el entendido de que cualquier cosa que se haga vendrá a resultar mejor que el sistema electoral viciado que actualmente existe, especialmente la perversa herencia de Elba Esther Gordillo, sirviente a modo de Carlos Salinas.
El antecedente inmediato de este avance en materia electoral fue la elección judicial en la que emitió su sufragio el 13 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral. Ahí sí, no hubo forma de que la mano negra tuviera intervención, pues los comicios fueron absolutamente transparentes y con un alto grado de confiabilidad. El monstruo creado por las hordas neoliberales está a punto de la extinción y lo que sea que venga, resultará mejor.
Así, avanza la Cuarta Transformación de la vida pública nacional bajo la sólida y serena conducción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.








