Su notable participación durante la Guerra de Intervención Francesa, acaudillando a un contingente de guerrilleros y trágica muerte durante la batalla de Tantoyuquita el 23 de enero de 1866, convirtieron al General Pedro José Méndez Ortiz en un héroe mexicano y símbolo de grupos liberales. Además de mantener su lealtad al presidente Benito Juárez, podría considerarse el primer tamaulipeco con suficientes méritos militares para ingresar al santoral de la patria.
Su construcción como personaje de culto oficial y popular se inició a partir de su muerte a los veintinueve años de edad, cuando sus restos fueron trasladados por sus correligionarios en una procesión fúnebre, desde el campo de batalla hasta el recinto del Congreso del Estado de Ciudad Victoria donde los poderes de gobierno le rindieron honores. El edificio era propiedad de Toribio de la Torre y se localizaba enfrente de la Plaza Hidalgo. Vale decir que a su paso por las haciendas La Piedra y Las Cruces cercanas a la Villa de Llera, fue recibido con solemnidad por el pueblo y autoridades.
Finalmente, el 27 de enero después de cuatro días de fallecer, el cadáver de Méndez llegó a la villa de Hidalgo, cabecera del municipio. Después de una ceremonia luctuosa, fueron depositados en una cripta de la parroquia de Santo Domingo donde permanecieron hasta 1929 bajo el epitafio “Bizarro Guerrillero Tamaulipeco, esclarecido general, estrella de primera magnitud en el cielo de nuestra patria y noble orgullo de Tamaulipas.”
Esta muestra de sentimiento entre los pobladores, no se manifestaba desde principios de los años treinta del siglo XIX, cuando por disposición del presidente Anastasio Bustamante los restos de Agustín de Iturbide fueron exhumados en Padilla, Tamaulipas para su traslado a la capital del país. Aquella ocasión, el paso del cortejo fúnebre y los huesos del emperador, provocó en Ciudad Victoria manifestaciones de duelo, repique de campanas, misa y ceremonias militares en la Plaza de Armas y la Hacienda de Tamatán, Jaumave y Tula. Lo mismo sucedió en su trayecto por Jaumave, Palmillas y Tula.
El General en la Memoria Colectiva
Definitivamente el reconocimiento oficial a la figura del General Pedro José Méndez, representó la clave para que su recuerdo permaneciera vivo en la historia y memoria colectiva de los tamaulipecos. Para ello, contribuyeron varios personajes destacados en el ámbito educativo, cultural y político de filiación masónica. Los primeros pasos para enaltecerlo desde la cúpula del poder político, correspondieron a la legislatura de Tamaulipas, la cual emitió un decreto el 25 de enero de 1868 donde, por iniciativa del gobernador Desiderio Pavón lo declaró Benemérito del Estado. Un año más tarde la Villa de las Lajas recibió el nombre de Méndez, uno de los cuarenta y tres municipios de Tamaulipas.
A partir de entonces y en reconocimiento a sus luchas libertarias, se incluyó su nombre fue asignado a calles, logias masónicas, escuelas, himnos, poemas, obras de teatro, sociedades mutualistas, aeropuertos, veladas literarias, murales, retratos, medallas conmemorativas, asociaciones civiles, colonias y escuelas. Lo mismo el Paseo Méndez considerado un sitio arbolado de diferentes especies.
Se trata de uno de los parques más atractivos de la capital tamaulipeca que en la segunda mitad del siglo XIX, recibió el nombre del militar. Gracias a su cercanía con el Río San Marcos y la Hacienda de Tamatán, también abundan numerosas variedades de aves canoras y bellos plumajes.
En poco tiempo el héroe alcanzó una enorme presencia dentro de la vida cotidiana y la historia de los tamaulipecos quienes lo empezaron a colmar de elogiosos adjetivos y epitafios. “Bizarro Guerrillero”, “Patriota sin Mancha”, “Defensor de la Patria”, “Héroe, Valiente, Indomable y Triunfador”, “Indómito”, “Nunca bien sentido patriota” y otros calificativos.
Uno de los primeros poemas que narra sus hazañas militares, fue publicado en 1890 en el bisemanario El Eco del Centro que circulaba en la capital tamaulipeca:
Al General Pedro J. Méndez
Homenaje
Llegó el francés. Su fulgurante espada
vencedora de Merengo, Egipto y Jena
quiere a México dar servil cadena
quiere humillar su frente levantada.
La patria está en peligro, voz airada
a tus bosques llegó; y el alma llena
de sublime valor, de amarga pena,
te dijiste con fe, será salvada.
Y ardiendo el pecho en vengador civismo
recordando a Leónidas la gloria,
Fue tu eterna ambición una victoria,
y eterno galardón a tu heroísmo,
un nombre siempre grande a nuestra historia.
Salvador Artigan
Un Héroe en Bronce
A finales del siglo XIX, los más cercanos admiradores pensaron que los anteriores reconocimientos eran insuficientes, y hacía falta elevar su figura de bronce sobre un pedestal de mármol. Por lo pronto, sus familiares y seguidores mandaron construir en 1891 una lápida en el taller de Juan Bocanegra en San Luis Potosí, donde se veneraba su memoria con la leyenda “General Pedro J. Méndez Benemérito de Tamaulipas. Murió por su patria en Tantoyuquita el 23 de enero de 1866, a los 29 años de edad. Su esposa le consagra este recuerdo.”
En marzo 22 de ese mismo año el profesor Adalberto Argüelles, convocó a través del periódico El Eco del Centro a una colecta económica para levantarle un monumento en la capital tamaulipeca “…digno de su abnegación y patriotismo…muerto en el campo de batalla por las fuerzas usurpadoras de Napoleón III.” El llamado estaba dirigido preferentemente a funcionarios públicos “…y personas más caracterizadas de la sociedad.”

La respuesta de los victorenses fue inmediata, entre ellas el General Mariano Ruiz Jefe del 13º Batallón de la plaza y T. Capistrán diputado local de Tamaulipas. La lista de entusiastas suscriptores empezó a crecer considerablemente entre otros: “José Porras, Gerónimo Olvera, Jacinto Ramírez, Samuel Cried Taylor, Ramón Guevara, Juan Botello, Ildefonso Arriaga, Jesús Cervantes, Antonio P. Castro, Teresa Sánchez y muchos más.
Su Viuda María de Jesús Moncayo
Tan pronto se enteró de la propuesta sobre esta patriótica idea, su viuda María de Jesús Moncayo quien radicaba en la capital de San Luis Potosí envió a la redacción una carta donde expresa su total apoyo al proyecto de Argüelles “Creo por demás decir a Usted y a sus estimables compañeros, que aunque no necesitan de mi aprobación para este asunto, estoy completamente complacida y doblemente envanecida; porque es de Pedro de quien se trata y por ser tamaulipecos los que lo intentan, dando a conocer como siempre que el patriotismo es una de las más exaltadas virtudes y que saben corresponder con sacrificios, que por iguales sentimientos se han impuesto sus compatriotas.”
¡Compre una Foto del Héroe!
En medio de todo esto, mientras en Victoria arreciaban las lluvias de septiembre apareció en Tula de Tamaulipas un fotógrafo viajero Armando Ochoa probablemente originario de Matehuala, San Luis Potosí “…se trata de reproducir la efigie del inolvidable General Pedro José Méndez. Ojalá que nuestra Cámara Legislativa, una vez examinadas esas fotografías, decretara una suma competente para comprar el número necesario de esos retratos, a fin de colocarle en las oficinas públicas del Estado previo acuerdo de la propia Cámara.” (Esta historia continuará.)

Fuentes de Información (Gastón Saldaña/comerciante y cronista de Tula; periódico El Siglo Diez y Nueve/Ciudad Victoria, Tam. /diciembre 24/1891; periódico El Eco del Centro/ Ciudad Victoria, Tam. /30 de noviembre de 1890; periódico El Eco del Centro/ Ciudad Victoria, Tam. /29 de marzo de 1891; El Eco del Pueblo/Ciudad Victoria, Tam. /septiembre 6 de 1891.)








