Cuando el diario estadounidense The New York Times criticó a Donald Trump por declarar la guerra a Irán sin explicar su plan a la nación ni al mundo, concedió al mandatario el beneficio de la duda; pero, ahora, ante el desastre generalizado (inminente derrota militar, debacle económica y crisis energética), parece que, en realidad, no había ninguna estrategia definida. Con ello se cierra el círculo de una época aciaga que giró en torno a una promesa fallida: MAGA.
Las críticas a Trump han sido implacables desde el área progresista dentro y fuera de los Estados Unidos; pero, logró mantener el soporte de los ultraderechistas y el apoyo incondicional de los fascistas a los que prometió una era de jauja nunca antes vista, muy a su estilo grandilocuente. El tiempo y su egolatría (“porque yo lo ordeno”), están por pasarle la factura y son pocos los expertos que niegan su inminente caída.
Tal vez el golpe más fuerte que ha recibido en los últimos días, sea la renuncia de Joseph Kent, quien expresó; “Tras mucha reflexión he decidido renunciar a mi cargo como director del Centro Nacional de Contraterrorismo con efecto inmediato. No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán, que no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación y es evidente que comenzamos este conflicto militar debido a la presión de Israel y su poderoso lobby (sionista) estadunidense”.
Kent se identifica con la extrema derecha; fue confirmado en su puesto en el Congreso. Como jefe de esa oficina estaba a cargo de una agencia que analiza y detecta amenazas terroristas. Su dimisión refleja inquietud dentro de la base de la administración del presidente Donald Trump sobre la guerra desatada contra la república islámica y muestra que las dudas sobre la justificación del republicano para el uso de la fuerza se extienden al menos a un alto funcionario de su gobierno.
¡Ni para dónde hacerse! David Brooks lo predijo en el New York Times, en enero: “Estamos en medio de al menos cuatro derrumbes o declives: el derrumbe del orden internacional de la posguerra. El declive de la tranquilidad doméstica dondequiera que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, o ICE, desplieguen sus abusos. El derrumbe aún mayor del orden democrático, con ataques a la independencia de la Reserva Federal y procesamientos infundados contra opositores políticos. Por último, el declive de la mente del presidente Donald Trump.
Las propias declaraciones de Trump cuando declaró que “debido al gran éxito militar que hemos tenido, ya no necesitamos ni deseamos la ayuda de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)”, se asemeja más a un berrinche provocado por el resquemor, que a una visión clara y precisa de lo que ocurre. Luego aseguró que tomaron “una decisión estúpida” al no apoyar las acciones del Pentágono en Medio Oriente. ¿Será?
El senador demócrata y crítico de Trump, Bernie Sanders, acaba de informar que: “La guerra en Irán ya ha costado $22.8 mil millones de dólares; con ese dinero se podría proporcionar Medicaid a 6.8 millones de niños, construir 2.6 millones de viviendas populares, financiar Head Start para 1.3 millones, contratar 240 mil maestros y cancelar 20 mil dólares de deuda estudiantil para un millón de personas”.
El círculo perverso de la era trumpiana está por cerrarse, con todo lo que ello implica.









