Los conflictos bélicos en varias partes del mundo, han puesto a la humanidad en serio predicamento; nunca antes, como ahora, la desaparición de toda forma de vida en el planeta se percibe como una posibilidad real con el uso de las armas atómicas, biológicas y ultrasensoriales; sin embargo, hay otra guerra, más afectiva y menos evidente: la guerra mediática, que tiene mucho más tiempo que la armada y ha dado escalofriantes resultados.
El ejemplo más reciente y más ilustrativo es la presunta desescalada del conflicto de Estados Unidos con Irán. Ha dicho el presidente Trump (que, como Fox, puede decir cualquier tontería), que ordenó al Departamento de Guerra posponer todos los ataques militares contra plantas de energía e infraestructura iraní por un período de cinco días, luego de lo que describió como conversaciones “muy buenas y productivas” con Irán durante los últimos dos días.
Dicho lo cual, todos los noticiarios se enfocaron en el tema y los sesudos analistas del acontecer planetario se han situado en ambos lados de la barrera para decir que es un reconocimiento del fracaso de la aventura intervencionista, o que, en realidad, ya las autoridades iraníes están a punto de entregar los bártulos y acogerse a la benevolencia del gobierno estadounidense para que los conduzca a la libertad y el progreso.
Es imposible negar la afectividad de esta bomba nuclear informática, porque nadie ha puesto atención al avance de Israel sobre el Líbano, el cual está convertido en una nueva Palestina para ampliar el suelo donde habrá de asentarse el resort de lujo que Trump ha anunciado para uso exclusivo de los millonetas en dólares. Mientras Trump declaraba, Israel intensificó su campaña terrestre en Líbano y advirtió que se trata de una operación prolongada.
El teniente general Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor israelí, afirmó que “la operación contra la organización terrorista Hezbolá ha empezado y será largo plazo. Ahora nos preparamos para intensificar las operaciones terrestres selectivas y los ataques, de acuerdo con un plan estructurado. No nos detendremos hasta que la amenaza haya sido alejada de la frontera y se haya garantizado la seguridad a largo plazo a los habitantes del norte de Israel”. ¿Será?
Por su parte, tras el anuncio de israelí de destruir aldeas fronterizas, siguiendo el modelo de Gaza, el presidente libanés, Joseph Aoun, pidió a la comunidad internacional que asuma sus responsabilidades y ponga fin al silencio. Denunció el bombardeo de puentes como una escalada peligrosa y una violación flagrante de la soberanía de Líbano. Afirmó que destruir el puente sobre el Litani busca cortar el vínculo geográfico del territorio libanés y evitar la ayuda humanitaria ante la hambruna.
Pero, el Líbano no es la única parte del mundo que es presa de los afanes expansionistas de las grandes potencias y de los lobbies fascistas. En los cinco continentes hay guerras intestinas, externas, facciosas, ideológicas y confesionales; pero, todas encaminadas a la acumulación de poder económico, políticos y social. El ser humano está más expuesto que nunca a vivir en estado de sicosis inducida por el miedo, la violencia o por necesidades reales como son la falta de alimentos, agua y fuentes de energía.
Ante el avance israelí con la complicidad y el apoyo de los Estados Unidos, el presidente Aoun pidió abandonar la cobardía y romper el silencio. Es hora de contrarrestar la guerra mediática, más perniciosa que la armada.









