El Plan Kukulkán pretende blindar el Mundial 2026 con un gran despliegue de seguridad, pero surgen dudas sobre su eficacia, coordinación e inteligencia. Su desempeño será clave, pues un fallo dañaría el flujo del turismo al país, mientras el éxito impulsará la imagen internacional de México.
Desde que se anunció que México sería sede de la Copa Mundial de Fútbol 2026 hubo preocupación moderada sobre la seguridad en las sedes en nuestro país, debido a la presencia tan relevante del crimen organizado en el territorio nacional, pero tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, que es la organización más grande de México, la inquietud internacional por la seguridad en el Mundial se ha incrementado, sobre todo en lo relativo a la sede de Guadalajara.
Antes del abatimiento del Mencho, el Gobierno Federal se había referido en varias ocasiones a la seguridad de la Copa Mundial, pero de forma general, sin embargo, la caída del capo generó una presión mediática global que obligó a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y a Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana a presentar el Plan Kukulkán, como un esquema de seguridad para evitar hechos violentos en las sedes mundialistas.
Es complicado saber si se trata de un plan que tenía meses en desarrollo, o bien, uno que tuvieron que armar en días para generar tranquilidad entre los asistentes al Mundial, lo cierto es que el contexto en el que fue presentado pareciera una estrategia de control de daños, para evitar la fuga de turistas a otras sedes mundialistas, por miedo a que se presenten hechos de violencia.
Lo que se pretende con el Plan Kukulkán es blindar las tres sedes mundialistas en México, desplegando 100 mil elementos de fuerzas federales alrededor de los estadios, en las zonas de fans de FIFA, en aeropuertos, metro y hoteles. Estableciendo en cada ciudad sede, e incluso en sedes alternas donde entrenarán las selecciones, anillos de seguridad, que serán reforzados con los elementos y más de 2 mil vehículos y 24 aeronaves.
Se trata de una estrategia completa que incluye revisiones con grupos especializados para la detección de explosivos, químicos e incluso dispositivos nucleares; también se han llevado a cabo simulacros de secuestros de aviones o ataques; se han establecido protocolos de acción; al tiempo que se han instalado mecanismos para evitar el uso de drones y se cuenta con equipos en tierra para derribar estos artefactos.
También se habla del intercambio de información y constante comunicación con las autoridades de los Estados Unidos y Canadá para la detección temprana de riesgos y atención.
A pesar de que el Plan Kukulkán es muy completo y aborda los puntos torales de un plan de seguridad a gran escala, lo cierto es que se pueden plantear ocho dudas sobre su efectividad:
Sí a lo largo de los años el Gobierno Federal, en varias administraciones, no ha logrado evitar ataques del crimen organizado, ¿qué garantías tienen los aficionados nacionales y extranjeros de que en esta ocasión será diferente?
- Los anillos de seguridad y la presencia de 100 mil elementos y vehículos blindados pueden ser un elemento disuasor para el crimen organizado, pero a la vez termina siendo incómodo para los visitantes extranjeros, es decir, ver a elementos con armas largas en vehículos blindados, no hace sentir seguros a los turistas, sino todo lo contrario, es una especie de recordatorio de que algo puede salir mal. Quizá los mexicanos ya normalizamos la presencia del ejército o policías armados en las calles y nos sentimos más seguros con ello, pero en el extranjero no es así y tiene el efecto contrario.
- Una pieza fundamental del Plan Kukulkán es la coordinación con los otros países sede, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, resulta complicado creer que hay una gran comunicación, cuando México y Canadá no fueron invitados por Estados Unidos al Escudo de las Américas, que es la estrategia regional de contención del crimen organizado impulsada por los norteamericanos.
El establecimiento de protocolos y simulacros para entrenar a los operadores del Plan son fundamentales, pero resulta extraño que los mismos se den a menos de tres meses del inicio de la Copa Mundial, cuando lo ideal es que estos se hubieran dado al menos un año antes, para tener tiempo suficiente para que todo el personal tuviera el mejor entrenamiento posible.








