Aristóteles decía que el hombre es un zoon politikon, Animal Político, muchos siglos después Thomas Mann afirmó que no existe lo apolítico, como pretendiera ser el deporte, todo es política, el fútbol siempre lo ha sido. En Italia 1934, Mussolini usó el torneo mundial de fútbol para promover las virtudes del fascismo; en Argentina 1978, a pocas cuadras del estadio la dictadura de Videla se lucía ante las naciones mientras desaparecía personas. El triunfo en 1986 de Argentina sobre Inglaterra fue una eufórica venganza luego de haber perdido la guerra de las Malvinas.
Los últimos mundiales han tenido la misma función Rusia en 2018 y Qatar 2022, sirvieron como ejercicios maestros de política cosmética. Se proyectó una imagen de Rusia moderna, hospitalaria y segura, logrando que el entusiasmo de la cobertura mundial y el turismo, eclipsaran las críticas internacionales por la anexión de Crimea y la represión interna. Por su parte, en Catar, donde la diversidad sexual se castiga con la cárcel, se utilizó el torneo para presentarse como el puente cultural entre el mundo árabe y Occidente.
Siempre se ha aprovechado el fútbol con motivaciones políticas, pero nunca antes se había jugado un Mundial en un país en guerra, confrontado a la vez, por múltiples causas con varias naciones participantes del torneo. Como todos podemos ver menos la FIFA, este mundial de Canadá, Estados Unidos y México se organiza en medio de una altísima tensión internacional. Todo provocado, lamentablemente por la conducta ilegal, confrontativa y demencial de Donald Trump.
Cuando se planteó este evento de gigantesca proporción geográfica, los tres países eran socios comerciales y mantenían una relación cordial, sin embargo, desde antes de comenzar su segunda administración el republicano amenazó a Canadá con anexarlos a Estados Unidos, insultó a Justin Trudeau e insinuó que sería el gobernador del estado número 51 de los Estados Unidos, la confrontación la transfirió al actual primer ministro Mark Carney, quien fue agredido por Trump en Davos, «Canadá vive gracias a los Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que abras la boca».
En el caso de México, mantiene constantemente la amenaza de enviar misiles a nuestro territorio para combatir el narcotráfico, lo que es un pretexto ante su inocultable interés neocolonial, injerencista y extractivista. Trump asegura que nuestro país es dominado por el crimen organizado, recientemente nos amenazó con imponer aranceles por enviar petróleo a Cuba en su intento de asfixiar a la isla dejándola sin energía, en medio de un colapso humanitario que pareciera disfrutar, para después tomarla, o liberarla como ha declarado.
La tensión de realizar un evento en tres países cuyos líderes tienen una relación tan áspera es notable. Claudia Sheinbaum sutil y elegantemente ha tomado distancia de la justa deportiva, declarando desde hace meses que no asistirá a la inauguración, dice que su boleto lo regalará a una niña indígena mexicana… Para el resto de los invitados no es mejor el panorama.
Pedro Sánchez, el presidente Español, se ha mantenido firme en contra del genocidio en Gaza, se ha negado a prestar el espacio aéreo español a los Estados Unidos con fines bélicos, también se negó a invertir el 5% del PIB en armamento como Trump exige a los miembros de la organización, el presidente norteamericano lo califica de traidor que no juega en equipo y lo amenaza con cerrar todo tipo de comercio con España. A Gustavo Petro, presidente de Colombia lo ha llamado desde matón hasta líder del narcotráfico, luego de la detención ilegal de Nicolas Maduro, Trump amenazó al presidente colombiano con ser el próximo. La relación con Lula también es tensa dado el apoyo de Trump a Bolsonaro y sus exigencias de que sea liberado.
Emanuel Macron, el presidente francés se ha visto sacudido por las ofensas de Trump, a raíz de la negativa de apoyarlo a reabrir el estrecho de Ormuz. La burla que hizo sobre el maltrato que supuestamente sufre Macron en su vida matrimonial al ser golpeado por su mujer, rebasa los límites del respeto más básico. Lo mismo sucede con Noruega, gobierno con el que se enemistó por no haberle otorgado el Premio Nobel de la Paz, en una caprichosa misiva advirtió no estar obligado a la paz, amenaza que ha cumplido al pie de la letra. A Dinamarca le ha advertido abiertamente con arrebatarle el territorio de Groenlandia, por considerarla un territorio estratégico para sus intereses geopolíticos. En general, el rechazo de los países de la OTAN de involucrarse en la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra Irán ha sido causa de ofensas y confrontaciones con los líderes europeos, incluso con Inglaterra e Italia, sus aliados ideológicos.
Irán, al ser un país clasificado al mundial, pero en guerra con el país anfitrión, ha renunciado a participar en él, por no tener certezas sobre las condiciones de seguridad; sin embargo, estarán en el mundial otros países árabes involucrados en la guerra por Irán al ser aliados de Israel y Estados Unidos, como son Irak, Arabía Saudita y Catar.
Todo es política, lo demuestra todo el tiempo Gianni Infantino, el presidente de la FIFA y aparente jefe de relaciones públicas de Trump. Quien en diciembre del año pasado le entregó el «Premio FIFA de la Paz» en un ridículo acto consolatorio al no recibir el Nobel. Premiar con un trofeo de «paz» a un hombre que está bombardeando objetivos civiles y aislando energéticamente a naciones enteras es como darle un premio de nutrición a Coca-Cola.
No contento con la incongruencia de inventar un premio exprofeso para agradar al líder de un país poderoso, se prestó a ser parte de la «Junta de Paz» para la reconstrucción de Gaza, un club exclusivo de países subordinados a Estados Unidos, donde la FIFA, invertirá 75 millones de dólares en infraestructura, dentro del negocio inmobiliario que pretenden hacer sobre las ruinas de Gaza y las tumbas de su población.
Son demasiados frentes abiertos, algunas son meras ofensas, violaciones simples a la diplomacia, sin embargo, otras son graves, criminales como las 175 víctimas asesinadas por el ejército de Estados Unidos en una escuela de niñas, o la aniquilación del Ayatolá Alí Jameneí, quien fuera el Líder Supremo de Irán desde 1989. La muerte de 2 mil personas en Teherán y otras ciudades iranies, la destrucción de Gaza y el genocidio de su población, son alertas rojas, bombas de tiempo latentes que amenazan la seguridad del mundial.








