Las mujeres periodistas en Tamaulipas no tienen historia. Seguro, podría afirmarse que ellas mismas han construido la historia de la región al preguntar, escribir y difundir noticias por diferentes medios, noticias que versan sobre diferentes temas y problemas que atraviesan tanto mujeres como hombres tamaulipecos, pero aun así las mujeres periodistas no tienen historia: ni en un sentido historiográfico ni mucho menos de género.
Si las mujeres tamaulipecas en general no tienen historia, ¿qué se podría esperar de un segmento femenino específico, como es el de las mujeres periodistas? Las mujeres no tienen historia porque en Tamaulipas se ha escrito una historia de hombres y por los hombres. Se habla de colonizadores, de políticos y héroes, pero muy poco o nada de colonizadoras, de políticas o heroínas.
La poca visibilidad que se les ha dado a las mujeres en Tamaulipas las ha situado, a pesar de pregonarse la famosa equidad de género, como el segundo sexo, como las que están presentes, pero de ladito de los hombres, por supuesto. Son muy pocos los estudios o los libros que han hecho visibles a las mujeres a lo largo de la historia y la cultura de la entidad. ¿Qué pasa, entonces, con las mujeres periodistas?
Yo escribo esa nota
Yo entrevisté a fulano
Yo con mi libreta y mi grabadora
Yo le gané a zutana la noticia
Yo madre y periodista
Yo periodista y sin mis hijos
Yo escribí y fue noticia
Mujeres etiquetadas
Es a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, y no antes, cuando algunas mujeres tamaulipecas son, por decirlo así, reconocidas en la historia y la cultura regional. Empiezan a aparecer en libros y artículos que las etiquetan de indígenas, hispánicas, revolucionarias, domésticas, maestras y obreras; al mismo tiempo que las sitúan en el espacio de lo privado o de lo público.
Claramente, no salen a relucir las mujeres periodistas, pues conforman lo que podría catalogarse como un reducto femenino que no se distingue ni por la etnicidad, la heroicidad, el trabajo maternizado o esclavizado: existen, pero simplemente preguntan, escriben, difunden notas y noticias, pero no constituyen un gremio cuyo trabajo sea reconocido como doble jornada laboral.
Las mujeres periodistas, en este sentido, no tienen historia en Tamaulipas. Y para mejor muestra de ella bastaría con echarle un ojo a quizás el único estudio sobre el periodismo en la región: me refiero al libro Historia del periodismo en Tamaulipas, 1824-1900, del difunto cronista Vidal Efrén Covián Martínez (1995), en el cual se habla del periodismo como una historia y cultura laboral que ha sido propia de hombres.
Escritura femenina
Ni la Historia del periodismo en Tamaulipas, ni mucho menos Periódicos y noticias victorenses en sus dos tomos, también estos últimos libros de Covián Martínez (1997 y 1998), hacen visibles a las mujeres dentro del periodismo. Esto nos llevaría a tres hipótesis: primero, hasta entonces no había mujeres periodistas; segundo, las había, pero no eran más importantes que los varones periodistas; las había y eran importantes, pero la opresión patriarcal en el gremio -como en otros- se imponía.
Me parece que, en cualquiera de los tres casos, no sólo la historia y la cultura de Tamaulipas se han distinguido por lo que el sociólogo y psicólogo argentino, Sergio Sinay, llama “masculinidad tóxica”, sino también por un androcentrismo arraigado en muchos de los estudiosos de la región: son hombres los que escriben sobre hombres y sus eventos, sus instituciones y proezas.
Bastaría leer, a vuelo de pájaro, los libros de historia de Tamaulipas. Incluso, si sobre la literatura se trata, también bastaría con abrir las páginas del libro Historia de la literatura en Tamaulipas, dos tomos, del difunto Carlos González Salas (1980 y 1984), quien a pesar de historiar sobre quién ha destacado en el arte de la historia, la geografía, la entrevista, el ensayo, la narrativa o el cuento, resalta en su gran mayoría a hombres: muy pocas mujeres y, por supuesto, no periodistas.
Sin embargo, podríamos preguntarnos: ¿Y qué hay de las pocas o muchas mujeres tamaulipecas que han hecho historia o escrito sobre cultura?, ¿acaso tendrán perspectivas que incluyen a otras mujeres en sus narrativas y harán a estas visibles en las letras, o en las noticias? Me vienen a la mente al menos unas.
Mujeres que han dejado testimonio en Tamaulipas, de Ma. del Carmen Olivares Arriaga y Altaír Tejeda de Tamez (1998), es un trabajo importante, pues presenta a algunas mujeres que han sobresalido en los ámbitos cultural y social de la vida tamaulipeca, específicamente se incluyen las narrativas de artistas, maestras, literatas y demás que nos dicen cómo han sido sus trayectorias personales y profesionales.
Pero nótese lo siguiente: en el libro citado se presentan los testimonios de algunas mujeres que han sobresalido. Algunas y sobresalir se vuelven una delimitación temática interesante, pero al mismo tiempo muestran un sesgo, una forma de invisibilizar a otras mujeres que, sobresalgan o no en lo cultural o lo social, sus trabajos también son importantes.
Se trata de la diferenciación que hacen algunas mujeres entre mujeres: todas son mujeres, pero hay unas más importantes que otras por sus apellidos o por sus trabajos. O como dirían los cerdos del libro La rebelión en la granja, de George Orwell: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. La invisibilidad y la diferenciación no sólo se dan de hombres hacia mujeres, también entre mujeres y las posiciones sociales o los narcisismos de estirpe o temporales, mucho tienen qué ver.
El poder de la escritura
Las mujeres periodistas en Tamaulipas no tienen historia. Seguro, pero han hecho historia a través de la escritura, la cual encierra un poder que beneficia o destruye, que aclara u oculta, que demanda o apologiza. Tal vez, las mujeres periodistas en Tamaulipas deberían abrazar la propuesta de la poetisa y filósofa belga Chantal Maillard, quien en su libro Matar a Platón, presenta el siguiente poema:
Escribir
Como condescendencia y como rebeldía
Sin elección, sin pausa, porque se va la luz
Las fuerzas se le acaban y el ser se va de vuelo
En las garras de un ave carroñera
Sin embargo, Maillard no sólo insta a cómo escribir, sino también a formarnos una ética de la escritura en sí misma al decir:
Escribir
Para no mentir, para dejar de mentir
Con palabras abstractas para poder decir tan sólo lo que cuenta
Decir que, a las once de la noche de hoy, mientras la luz calienta (…)
Estoy en mí en el lugar que acostumbro a encontrarme
Tal vez, como mujeres y como periodistas, es tiempo de pensar en el poder de la escritura, en el acto de difundir la nota y la noticia, de hacerse presentes. Tal vez, entonces, las viejas preguntas feministas referentes a: ¿qué hay de las mujeres?, y ¿por qué su situación es de diferencia y desigualdad respecto a los hombres?, empiecen a tener algunas respuestas, al menos en Tamaulipas, donde es más que necesario extirpar el patriarcado para no sólo hacer visibles, sino también para reconocer a mujeres periodistas y de otras profesiones.








