El fentanilo no es la droga más consumida en los Estados Unidos, pero sí la más letal. Su altísima potencia explica la mayoría de las muertes por sobredosis, lo que justifica los esfuerzos binacionales para frenar su producción, tráfico y disponibilidad.
De todas las drogas que existen, el fentanilo es la que ha acaparado la atención del Gobierno de los Estados Unidos, lo cual nos podría llevar a pensar que se trata de la droga más consumida, sin embargo, no es así, de hecho, hay varias drogas con mayor consumo, pero ninguna de ellas tiene las tasas de mortalidad tan altas como el fentanilo.
De acuerdo con la Encuesta Nacional Sobre Uso de Drogas y Salud 2024, existen en los Estados Unidos, 64.2 millones de personas que probaron la mariguana en dicho año, 10.4 que consumieron alucinógenos, como hongos, LSD o peyotes, 7.6 millones con medicamentos contra el dolor de forma indebida, 4.3 millones la cocaína, 2.4 millones las metanfetaminas y solo 816 mil personas adictas al fentanilo.

Es decir, que por cada consumidor de fentanilo hay 79 de mariguana, 5.3 de cocaína o 2.9 de metanfetaminas, sin embargo, cuando analizamos las muertes por sobredosis el panorama cambia de forma radical. Por ejemplo, en 2023, se registraron en los Estados Unidos 105 mil muertes por sobredosis, de las cuales 79 mil fueron causadas por opioides, donde el fentanilo fue responsable de la mayor parte con más de 72 mil casos, es decir que el 69.3% de las muertes por sobredosis se relacionan con el consumo del fentanilo.

De hecho, al ser el fentanilo una derivación del opio, al igual que la heroína, y, que las otras categorías de alto porcentaje corresponden a opioides naturales y sintéticos, los derivados del opio explican el 89% de las muertes por sobredosis en los Estados Unidos y el 11% restante, las demás drogas, incluyendo la cocaína, la mariguana y los alucinógenos, que son las de mayor consumo.
Por tanto, aunque no sea tan extendido en consumo, el fentanilo es altamente peligroso, ya que, si existen 816 mil consumidores y de ellos cada año mueren por sobredosis 72 mil, implica que el riesgo de muerte es del 8.8%, esa tasa es espeluznante, porque las probabilidades de morir por sobredosis son altísimas.
El gran problema con el fentanilo es que hacen falta dos miligramos para causar una sobredosis, de manera que es muy común que errores de cálculo en la fabricación desencadenen la muerte, también se suele combinar con otras drogas para crear un efecto adictivo mayor, pero eso eleva el riesgo y por último los consumidores también suelen propasarse en las cantidades que prueban generando en muchos casos su muerte.
De manera que es entendible la preocupación del Gobierno de los Estados Unidos frente al fentanilo y los esfuerzos que realizan para disminuir su tráfico. Aun cuando haya un componente político a la hora de presionar a México, no podemos negar que nuestro país es el principal punto de producción de esta droga y que organizaciones como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación son los mayores proveedores de la misma.
También hay que considerar que México no es inmune a que comience a extenderse el consumo de fentanilo, de manera que resulta conveniente el diseño de una política binacional para el control de esta droga.
La forma de abordar su contención está relacionada con la distribución espacial de los insumos, es decir, la producción de opio en México está geográficamente concentrada en 59 municipios de los estados de Guerrero, Oaxaca, Durango, Chihuahua y Sinaloa, de forma que los esfuerzos de erradicación, sustitución de cultivos y desarticulación de las redes de producción, tendrán que ir a esas zonas.
De igual manera, para producir los derivados sintéticos del opio hacen falta precursores químicos, que en gran medida vienen de China y entran por los puertos de Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Guaymas, Ensenada, Topolobampo, Mazatlán y Acapulco, con alta concentración en los primeros dos, por tanto, si se refuerza la revisión en estos puertos se podría disminuir la cantidad de precursores que ingresan al país.
Y de nuevo, debido a que la materia prima natural, el opio y los insumos sintéticos, que son los precursores químicos, están en el Pacífico, no resulta extraño que la mayor parte de los laboratorios de drogas sintéticas se encuentren en cuatro entidades de ese lado del país: Sinaloa, Durango, Michoacán y Jalisco, en donde deberían concentrarse las acciones de incautación y cierre.
Sí las acciones de las autoridades se enfocan en destruir sembradíos en esos 59 municipios, reducir el flujo de precursores en los puertos del Pacífico y erradicar los laboratorios en esas cuatro entidades, el golpe al fentanilo y otros opioides sería relevante.
Profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: victorsanval@gmail.com









