Una de las ventajas de haber vivido muchos años, es que permite dar testimonio vivo de acontecimientos importantes que incidieron en las políticas públicas de este país. A mediados del siglo pasado, la coacción de los grupos de poder de los Estados Unidos, que estaban perdiendo sus privilegios a raíz de las medidas implementadas por los regímenes revolucionarios para hacer realidad tangible la justicia social, dieron pie al proyecto neoliberal.
La tarea de zapa comenzó a partir de la carta de Robert Lansing a los poderes fácticos: «Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso conduciría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del liderazgo de Estados Unidos.
México necesitará administradores competentes y con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñarán de la misma Presidencia. Y sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos, y lo harán mejor y más radicalmente que lo que nosotros mismos podríamos haberlo hecho”. Pero, se consolidó a partir del experimento de la Universidad Católica de Chile para imponer la teoría falaz del capitalismo de mercado.
Lo primero, fue desestabilizar al país mediante la irritación social, que Gonzalo Martre, director de la Preparatoria Número Uno de la Ciudad de México, en la que inició lo que se ha llamado Movimiento Estudiantil, con la gran mentira de la Matanza de Tlatelolco, declara inexistente en su libro Los Símbolos Transparentes, un documentos claro y preciso de los acontecimientos de aquella época. Dice que si bien, no había jauja, tampoco había motivo de queja, como se pretendió hacer creer.
Hubo movimientos de inconformidad en diversos sectores; pero, los jóvenes fueron la materia más dispuesta para escalar las protestas en las calles. No podían los muchachos mexicanos eludir la fascinación por Fidel Castro, el Che, Lumumba, Luther King, los Kennedy, la Primavera de Praga, el Mayo Frances y demás movimientos sociales, muchos de ellos encabezados por los estudiantes e intelectuales que buscaban lo que México ya se estaba construyendo, un régimen de justicia social.
El resultado final fueron los largos años del período neoliberal durante el cual se entregó el poder político al poder económico, el trabajo se convirtió en la mercancía más barata y se estimuló la aberrante acumulación de la riqueza. México dejó de ser una nación soberana para quedar supeditada a los intereses de las grandes corporaciones aliadas con el más feroz capitalismo autóctono. Todo fue corrupción, despojo y rapiña. Los poderes púbicos estaban al servicio de los poderes fácticos.
Por fortuna, llegó un auténtico líder social a encabezar la revolución pacífica que se ha denominado la Cuarta Transformación de la vida pública y se han unido todos los que Luis Donaldo Colosio dijo que tenían hambre y sed de justicia, se le han unido para hacer de México la vanguardia en la recuperación del sentido humano de la vida, y quienes recordamos y nos beneficiamos del México Revolucionario.
Ante ello, nuevamente, las fuerzas más oscuras del capitalismo salvaje están creando un clima de insatisfacción para generar inestabilidad y poder echar por tierra las políticas humanistas. La jauría mediática, los grupos de poder político y económico y, desde luego, el ala reaccionaria del sector gobernante en los Estados Unidos, han echado su gato a retozar. Por ello es necesario estar alertas y actuar en consecuencia.









