Que la historia es cíclica y se repite con diferentes características, está probado. De esta suerte, los mexicanos estamos viendo un remix del Movimiento del 68, una estrategia de desestabilización del régimen revolucionario cubierta con una algarada estudiantil cuya perla mediática es la gran mentira de la Matanza de Tlatelolco. Ahora se observan por todos los rumbos los esfuerzos para crear, nuevamente, sentimientos de insatisfacción y de irritación.
La inseguridad (ya no se le quiere llamar violencia), el bloqueo de vías de comunicación, demora, retraso o deficiencia en los servicios, especialmente los de alta sensibilidad como la atención médica, la distribución de bienes y servicios, el transporte, la intromisión de agencias extranjeras en los asuntos nacionales, etc., son el marco para que crezca el ánimo adverso a las medidas que ha tomado el gobierno de la 4T para reanudar el crecimiento con justicia social.
Detrás de cada evento de provocación, magnificado por los medios bajo la tutela del sector empresarial y los poderes fácticos, están las manos de quienes se han visto afectados en sus privilegios por el combate a la corrupción y la austeridad republicana que ha permitido que el país y los paisanos estén a salvo de los efectos adversos provocados por la guerra en Medio Oriente en que está empeñado el sionismo de Israel y sus socios estadounidenses.
Que la gobernadora panista de un estado federado haya permitido la intromisión de agentes extranjeros en tareas de seguridad, argumentando que sólo así es posible combatir la delincuencia, es grave; pero, más grave aún es que haya quien la aplauda y apruebe su traición a la patria, tipificada y sancionada por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Por fortuna, México está presidido por una mujer de luces excepcionales, a la que no le tiembla la mano en defensa de la soberanía nacional.
Los constantes bloqueos de calles y carreteras dizque por demanda de derechos que no han sido satisfechos, tienen un efecto dramático y provocan severos daños a la población que no tiene nada que ver, por ello son tan socorridos; sin embargo, ya pocas personas se tragan el cuento de que son la única medida de presión para lograr sus propósitos. Antes así era; pero, ya no. El gobierno federal mantiene un diálogo permanente y público, así que ya sólo se engaña quien quiere ser engañado.
Eso es lo vistoso; pero, hay una labor de zapa que actúa de manera constante y aparentemente inadvertida. El retraso de un avión cuyos pasajeros deben hacer conexión con otros vuelos, la demora en las obras de rehabilitación de calles, carreteras e infraestructura básica; las deficiencias en prestación de servicios; la difamación de los funcionarios de los programas de Bienestar porque ya los beneficios van directos a la gente, no al bolsillo de los sempiternos líderes.
Y, las mentiras, soltadas al viento con total desparpajo, aunque las cifras y los hechos digan lo contrario. Por ejemplo, que el Banco de Bienestar es una carga para el erario, cuando cuesta menos que el cobro que hacen los bancos privados, mayoritariamente vendidos a los monopolios extranjeros, por la dispersión de recursos de apoyo para beneficio de los sectores vulnerables; o que la refinería de Dos Bocas opera con números rojos, cuando es el pilar de la economía en estos tiempos de crisis.
En fin, que la embestida de la reacción y sus peones mediáticos, es fuerte e intensa, de ahí la necesidad de mantener los ojos bien abiertos y la mente alerta, que no ocurra lo que en el 68.








